{"id":184,"date":"2024-08-29T04:09:08","date_gmt":"2024-08-29T04:09:08","guid":{"rendered":"http:\/\/philippotdevin.com\/2\/?p=184"},"modified":"2024-08-29T04:09:08","modified_gmt":"2024-08-29T04:09:08","slug":"menos-es-mas-una-resena-sobre-solicitacion-en-confesion-de-philip-potdevin","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/philippotdevin.com\/2\/archivo-de-prensa\/menos-es-mas-una-resena-sobre-solicitacion-en-confesion-de-philip-potdevin\/","title":{"rendered":"Menos es m\u00e1s (Una rese\u00f1a sobre Solicitaci\u00f3n en Confesi\u00f3n de Philip Potdevin)"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-cover\"><span aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-cover__background has-background-dim\"><\/span><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"512\" height=\"235\" class=\"wp-block-cover__image-background wp-image-185\" alt=\"\" src=\"http:\/\/philippotdevin.com\/2\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/unnamed-3.jpg\" data-object-fit=\"cover\" srcset=\"http:\/\/philippotdevin.com\/2\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/unnamed-3.jpg 512w, http:\/\/philippotdevin.com\/2\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/unnamed-3-300x138.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 512px) 100vw, 512px\" \/><div class=\"wp-block-cover__inner-container is-layout-flow wp-block-cover-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p>Solicitaci\u00f3n en confesi\u00f3n , Philip Potdevin , Camilo Mar\u00edn L\u00f3pez (ilustraci\u00f3n) .<\/p>\n\n\n\n<p>Universidad de Caldas, Manizales, 2014, 25 p\u00e1gs., il.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p><br>La solicitaci\u00f3n es una falta propia de los curas cat\u00f3licos. Seg\u00fan el derecho can\u00f3nico, el sacerdote que, durante la confesi\u00f3n, o con ocasi\u00f3n o pretexto de la misma, solicita al penitente a un pecado contra el sexto mandamiento del Dec\u00e1logo, debe ser castigado, seg\u00fan la gravedad del delito, con suspensi\u00f3n, prohibiciones o privaciones; y, en los casos m\u00e1s graves, debe ser expulsado del estado clerical. (Canon, 1387)<\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p><br>Y ese es el t\u00edtulo, Solicitaci\u00f3n en confesi\u00f3n, de un cuento de Philip Potdevin (1958), escritor cale\u00f1o experto en temas lujuriosos, incluido inicialmente en el libro llamado Estragos de la lujuria (y sus remedios). Pero, ante todo, es experto escritor, de amplio recorrido como novelista, como cuentista y tambi\u00e9n como poeta (encuentro que dice en uno de sus bellos poemas de Cantos de saxo : \u00abY si falta la claridad \/ la luz dejar\u00e1 de rasgar mis ojos \/ quedar\u00e9 solo con la estela de tu nombre \/ pintada en recuerdos de cirros y estratos\u00bb).<br>Este cuento, ya editado \u00e9l solo, es brev\u00edsimo (apenas unas diez p\u00e1ginas que se leen de un tir\u00f3n, porque las conforman peque\u00f1os fragmentos que son cartas y diarios, que van del 14 de abril, al 16 de junio de no sabemos qu\u00e9 a\u00f1o, aunque indicios hay). Adem\u00e1s, fue bellamente producido por la Editorial de la Universidad de Caldas, en un tama\u00f1o de diecinueve por catorce cent\u00edmetros, pastas duras y, adentro, p\u00e1ginas en propalcote blanco grueso, con unas siete ilustraciones de p\u00e1gina completa (Camilo Mar\u00edn L\u00f3pez es el autor de dichas ilustraciones, que son la otra mitad de la lectura, hay que decirlo), donde predomina el color rojo (lujurioso) desde las portadas y las guardas.<br>Desde Usaqu\u00e9n (Bogot\u00e1), Clarisa S\u00e1nchez, de quien iremos sabiendo a medida que pasa el cuento, le escribe cartas al \u00abAmant\u00edsimo padre\u00bb (tambi\u00e9n le dice Venerado\u00bb, \u00abMuy se\u00f1or m\u00edo\u00bb, \u00abMuy ilustre se\u00f1or m\u00edo\u00bb, \u00abExcelent\u00edsimo\u00bb y \u00abNobil\u00edsimo\u00bb).<br>Muy seguramente, es el monse\u00f1or de Santa Fe de Bogot\u00e1, aunque nunca lo trata como tal y ante quien ella se confesa, anticipadamente, como una lujuriosa y lasciva (sue\u00f1a con \u00edncubos que la hacen gritar de placer). A la vez, va dici\u00e9ndole c\u00f3mo el padre Diego de la Cruz (quien viene de Toledo, Espa\u00f1a, seg\u00fan nos dice \u00e9l mismo en un momento determinado de sus diarios), su confesor y p\u00e1rroco de Usaqu\u00e9n, va adentr\u00e1ndose cada vez m\u00e1s en su cuerpo con sus manos y con su lengua en plena iglesia en momentos de la confesi\u00f3n.<br>Simult\u00e1neamente, el padre Diego de la Cruz va contando en su diario: \u00abEl demonio me est\u00e1 tentando con el cuerpo de Clarisa S\u00e1nchez, una beata de la parroquia\u00bb (p. 12). Complicidades hip\u00f3critas las de Clarisa y el padre Diego, sin duda. A cada quien le gusta lo que est\u00e1 pasando, pero cada uno se siente culpable. Le dice Clarisa a monse\u00f1or:<br>El fuego me quema el pecho; mi agitaci\u00f3n no puede ser mayor (\u2026). No pude hacer m\u00e1s que seguir admitiendo mis pecados haciendo caso omiso de su manoseo (\u2026). (p. 14)<br>Al fnal, el padre Diego de la Cruz le propone a Clarisa hacer la confesi\u00f3n en casa de ella y ella acepta. \u00abAhora que lo he hecho m\u00edo, \u00bfqu\u00e9 har\u00e9?\u00bb (p. 23), se pregunta Clarisa, pregunt\u00e1ndoselo a monse\u00f1or en una carta m\u00e1s, despu\u00e9s de los encuentros en su casa.<br>El final del cuento es una fina demostraci\u00f3n de humor sat\u00edrico: el Santo Ofcio (instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica que corresponde a la misma Santa Inquisici\u00f3n y se encarga de castigar la Solicitaci\u00f3n en Confesi\u00f3n) requiere al padre Diego de la Cruz (\u00ab\u00a1Dios m\u00edo, en qu\u00e9 l\u00edo estoy!\u00bb, exclamar\u00e1 \u00e9l al fnal de su diario -24- ), seguramente acusado por monse\u00f1or ante las confesiones de Clarisa S\u00e1nchez en sus cartas; aunque por la tambi\u00e9n \u00faltima carta de Clarisa a monse\u00f1or sabremos que el padre De la Cruz fue llamado s\u00f3lo a ejercicios espirituales (la Iglesia, como ocurre hoy con asuntos de abusos de menores por parte de los curas, considera que estos, en general, son seducidos en los casos de Solicitaci\u00f3n de Confesi\u00f3n y aplican castigos menores a los respon sables. En el caso de Clarisa, la seducci\u00f3n por parte de ella era verdad).<br>Pero, \u00a1oh sorpresa!: quien ir\u00e1 a Usaqu\u00e9n a reemplazar al padre pecador es, justamente, monse\u00f1or. Clarisa le escribe tambi\u00e9n en esa \u00faltima carta: \u00abCreo que por fn tendr\u00e9 paz en mis sue\u00f1os. He olvidado al padre de la Cruz (sic). Estoy ansiosa por ver a vuese\u00f1or\u00eda. A\u00fan no estoy pura. Necesito confesarme. (p. 24)<br>Philip Potdevin domina a la perfecci\u00f3n el tema er\u00f3tico en la literatura y en este cuento ese aserto queda demostrado. No requiere un gran despliegue en la trama del cuento, ni de grandes descripciones, para hacernos entrar en un territorio de erotismo, sensualidad y descaro, en este caso, adem\u00e1s revestido de s\u00e1tira hacia la instituci\u00f3n de la Iglesia que, con su poder sobre la masa creyente, comete desafueros como el abuso sexual, que, en este caso, recae sobre quien disfruta plenamente -y en el que, entonces, no puede hablarse de abuso-.<br>Sin ning\u00fan af\u00e1n de ser expl\u00edcito en la intenci\u00f3n de dicha s\u00e1tira, el cuento transcurre \u00abtranquilamente\u00bb, supeditado a los acontecimientos, como debe ser. El lector, si es un poco agudo -no se necesita que lo sea mucho-, pone el resto. El fnal del cuento queda deliciosamente abierto.<br>Un cuento como Solicitaci\u00f3n en confesi\u00f3n es una clara demostraci\u00f3n de literatura minimalista -para usar un t\u00e9rmino de cr\u00edtico a todo dar-, en la medida en que, en muy poco, dice mucho. Ah\u00ed est\u00e1n los t\u00e9rminos que el lector debe desglosar si quiere disfrutar mayormente; ah\u00ed est\u00e1n las fechas, impl\u00edcitas, que ubican al lector en los per\u00edodos hist\u00f3ricos y que, igualmente, el lector debe rebuscarse en la lectura; ah\u00ed est\u00e1n el lenguaje sugestivo y la atm\u00f3sfera altamente er\u00f3tica, pero sin exageraciones ni ingenuas obviedades (tan escaso esto \u00faltimo en literatura que, cuando se encuentra, como en este cuento, sentir una gran alegr\u00eda es inevitable). Ah\u00ed est\u00e1, al fin, la erudici\u00f3n de un escritor que tiene el cuidado (\u00a1cu\u00e1nto cuesta!) de que esta no se note.<br>En fin, creo que Potdevin es de los escritores colombianos que se deben leer; que sin mucho aspaviento ha hecho una obra muy importante (a pesar de los premios que ha recibido, no se le conoce lo sufciente). Am\u00e9n de que se le deben agradecer algunas tambi\u00e9n importantes traducciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Luis Germ\u00e1n Sierra J.<br>Tomado de Bolet\u00edn Cultural y Bibliogr\u00e1fico No. 93, Febrero 2018<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Solicitaci\u00f3n en confesi\u00f3n , Philip Potdevin , Camilo Mar\u00edn L\u00f3pez (ilustraci\u00f3n) . Universidad de Caldas, Manizales, 2014, 25 p\u00e1gs., il. La solicitaci\u00f3n es una falta propia de los curas cat\u00f3licos. 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