{"id":92,"date":"2024-08-29T00:51:09","date_gmt":"2024-08-29T00:51:09","guid":{"rendered":"http:\/\/philippotdevin.com\/2\/?p=92"},"modified":"2024-08-29T02:00:11","modified_gmt":"2024-08-29T02:00:11","slug":"palabrero","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/philippotdevin.com\/2\/obras-publicadas\/palabrero\/","title":{"rendered":"Palabrero"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"634\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/philippotdevin.com\/2\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/libro-Palabrero-634x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-47\" srcset=\"http:\/\/philippotdevin.com\/2\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/libro-Palabrero-634x1024.jpg 634w, http:\/\/philippotdevin.com\/2\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/libro-Palabrero-186x300.jpg 186w, http:\/\/philippotdevin.com\/2\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/libro-Palabrero-768x1241.jpg 768w, http:\/\/philippotdevin.com\/2\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/libro-Palabrero.jpg 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 634px) 100vw, 634px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p>\u201cPalabrero\u201d es la m\u00e1s reciente novela del escritor colombiano Philip Potdevin. Un llamado de justicia para lo que ocurre con el pueblo wayuu en La Guajira.<\/p>\n\n\n\n<p>Una antigua leyenda rebelde<br>Ya lo advert\u00eda el coronel Antonio de Ar\u00e9valo por all\u00e1 en 1770, que el indio Juan Jacinto, con sus travesuras y atrevimientos, hab\u00eda llenado de malicia toda la provincia de La Guajira. En la madrugada del 1\u00ba de mayo de 1769, m\u00e1s de diez a\u00f1os antes del levantamiento de los Comuneros, el indio wajiro Juan Jacinto, uno de los caciques del norte de La Wajira, acompa\u00f1ado de setecientos guerreros y doce caciques m\u00e1s, emprendi\u00f3 una cruenta rebeli\u00f3n contra el saqueo, la esclavitud y el sometimiento de la corona espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta, la m\u00e1s grande rebeld\u00eda de la que se tengan registros en la historia de Am\u00e9rica, ha sido atravesada por el pu\u00f1al del olvido a trav\u00e9s del tiempo. Un pueblo originario levantado desde sus ra\u00edces en defensa de la madre y de las leyes nativas wajiras en las que se establece el principio de reciprocidad. Un sistema de compensaciones con las que se regula la vida de la comunidad. As\u00ed, para los espa\u00f1oles que nunca compensaron los agravios que hab\u00edan causado a los nativos, lleg\u00f3 la rec\u00edproca rebeli\u00f3n en la dignidad ind\u00edgena.<br><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>Desde entonces, y por los siete a\u00f1os que vinieron, los wajiros mantuvieron a raya la corona espa\u00f1ola. El indio Juan Jacinto era leyenda viva, alto, fornido y buen mozo, como lo describ\u00edan sus propios enemigos. Ning\u00fan colono se atrev\u00eda a desafiar su autoridad y nadie sub\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de Riohacha si sab\u00eda que tendr\u00eda que encontr\u00e1rselo. El pueblo wajiro recuper\u00f3 su tierra, sus reses, su autonom\u00eda cultural expulsando por m\u00e1s de cien a\u00f1os a las misiones capuchinas.<br>El tal\u00f3n de Aquiles fue tambi\u00e9n el profundo respeto que sienten los wayuus por la Ley de Origen. Los espa\u00f1oles buscaron la forma de resarcir el da\u00f1o con muchos caciques aliados a Juan Jacinto, dej\u00e1ndolo poco a poco m\u00e1s solo y aislado. En 1776, siete a\u00f1os despu\u00e9s de la rebeli\u00f3n, lo emboscaron en el desierto wajiro un centenar de soldados. Nunca se rindi\u00f3, nunca se vendi\u00f3. Muri\u00f3 all\u00ed, defendiendo la dignidad de su pueblo y sus miles de a\u00f1os de historia.<br>So\u00f1\u00e9 siendo un \u201cp\u00fctchipuu\u201d, palabrero mayor de mi pueblo<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p><br>\u201cEn el sue\u00f1o me ve\u00eda confrontando a un yoluja, el esp\u00edritu de un wayuu muerto. Ten\u00eda el sombrero y el bast\u00f3n del t\u00edo Fulvio, as\u00ed no lo reconociera pues \u00e9l no hab\u00eda muerto para m\u00ed; el yoluja me tomaba del brazo, hac\u00eda gestos para que lo acompa\u00f1ara y yo me dejaba llevar hasta que se\u00f1alaba con su bast\u00f3n un r\u00edo, un r\u00edo en \u00e9poca de sequ\u00eda que se pod\u00eda cruzar a pie\u201d.<\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p><br>Edelmiro Epiay\u00fa, un wayuu corajudo que so\u00f1\u00f3 la muerte de su t\u00edo Fulvio, el palabrero de su pueblo. Edelmiro Epiay\u00fa, quien al mejor estilo de Hamlet deber\u00e1 seguir los designios del m\u00e1s all\u00e1, entender el mensaje que dejaba entre sue\u00f1os la autoridad de su clan, Fulvio Epiay\u00fa, antes de partir hacia Jepira.<br>Jepira es la Tierra de los Muertos, un lugar en el Cabo de la Vela, frente al mar Caribe, donde los difuntos se convierten en yoluja o esp\u00edritu de los muertos. Los yolujas ocasionalmente se comunican con los vivos, la mayor\u00eda de veces a trav\u00e9s de sue\u00f1os. Despu\u00e9s vuelven a morir en Jepira y se transforman en juya, lluvia. Por eso la lluvia siempre viene de Jepira, por eso lo que llaman V\u00eda L\u00e1ctea no es otra cosa que el sendero de los indios muertos, por eso los wayuus mueren dos veces.<br>El protagonista de esta historia es un ind\u00edgena wajiro, descendiente de Juan Jacinto el rebelde. Edelmiro Epiay\u00fa, el joven que desobedece a los de su casta y se va a estudiar a la universidad de los alijunas, como se les dice en La Wajira a quienes no son ind\u00edgenas. Nadie entendi\u00f3 su decisi\u00f3n. Por qu\u00e9 querer desperdiciar cinco a\u00f1os en la ciudad de los alijunas, los blancos, los mestizos. \u201cTe har\u00e1n olvidar a tu gente, a tu pueblo, al clan Epiay\u00fa que llevas en tu sangre; te obligar\u00e1n a pensar diferente, a hablar diferente, a comer diferente, a vestir diferente. No lo hagas\u201d, sentenci\u00f3 su t\u00edo, palabrero mayor del pueblo. Le dio la palabra porque la palabra es el principio mediador de su funci\u00f3n.<br>El p\u00fctchipuu o palabrero es el hombre llamado a resolver los conflictos en la regi\u00f3n wayuu. Es la autoridad moral que va y viene constantemente entre las partes en conflicto, llevando la palabra, llevando los ofrecimientos de reparaci\u00f3n. Aqu\u00ed y all\u00e1, hasta que las partes est\u00e9n conformes. Trae la palabra cuantas veces sea necesario hasta que logra resolver las diferencias a trav\u00e9s de la contundencia de la palabra. Su tarea es agotar la palabra antes de agotar la vida.<br>Tiempo despu\u00e9s de formarse como abogado, Edelmiro Epiay\u00fa comprende que ni los constitucionalismos, los c\u00f3digos, ni el derecho romano tienen la misma claridad que su t\u00edo Fulvio sobre lo que significan la justicia, la equidad, el agravio o la recompensa.<br>Titanoboa, una bestia prehist\u00f3rica con sonidos de locomotora<br>Pero no se contentaron con asesinarlos, invadirlos y adoctrinarlos en el cristianismo. No, lo que se quer\u00eda era el saqueo, la asfixia, la muerte silenciosa en nombre de la modernidad. Atravesaron un tren gigantesco por las rancher\u00edas, sacando todos los d\u00edas m\u00e1s de 30 toneladas de carb\u00f3n wajiro. Colmados de riqueza wajira, los m\u00e1s de cien vagones de cada tren salen campantes frente a los ojos del wayuu empobrecido que se resiste a ver morir la tierra que han habitado sus ancestros mucho antes de la llegada de los alijunas.<br>No respetaron nada, ni los lugares de pagamento, ni los templos, ni las casas. Los animales mor\u00edan destripados en los rieles de los trenes que jam\u00e1s se detuvieron. Los cementerios se los llevaron por delante, removieron la tierra, destruyeron los cajones y dejaron a la luz los huesos de quienes habitaban ahora Jepira. La minera poderosa y arrogante nunca ha respondido por tales cr\u00edmenes. Ya no se mueren los animales frente al tren; se mueren los propios wayuus en la carrilera, desesperados, aislados, asfixiados por la pobreza y la sequ\u00eda que trajeron los alijunas con su sed de riqueza.<br>As\u00ed se fue el t\u00edo Fulvio, el ejemplo de su pueblo, el palabrero, la autoridad. Lanzado a los rieles del af\u00e1n de la riqueza. Pero t\u00fa, Edelmiro Epiay\u00fa, salvar\u00e1s al r\u00edo Rancher\u00eda y con \u00e9l a todo tu pueblo.<br>\u00bfEs posible robarse un r\u00edo? Mierda, s\u00ed, un r\u00edo<br>Se ha ido el t\u00edo Fulvio y necesita quien lo aconseje. Edelmiro viaja directo a la Sierra y all\u00ed conoce al mamo Eleuterio, un ind\u00edgena kankuamo que le ayuda a volver sus ojos a la Madre Tierra. Mambeando, buscando la relaci\u00f3n de la lluvia, el r\u00edo y el mar. \u00bfC\u00f3mo van a desviar el Rancher\u00eda si es el \u00fanico r\u00edo del que se suple mi gente? \u00bfC\u00f3mo van a desviar el agua sagrada de los wayuus?<br>\u201cCon todo no dud\u00e9. Reconoc\u00ed que entraba en un peque\u00f1o recinto sagrado dentro de un espacio sagrado mayor; que se trataba de unirme a la Madre Tierra; que no pod\u00eda de otra manera hacer nada por el r\u00edo si el r\u00edo y yo no \u00e9ramos primero uno solo\u201d.<br>Se presentaba en pleno nacimiento del r\u00edo la misi\u00f3n esplendorosa que har\u00eda renacer el orgullo innato de ser wayuu. Edelmiro Epiay\u00fa el r\u00edo est\u00e1 en ti, Edelmiro Epiay\u00fa si muere el r\u00edo, morir\u00e1s con todos los tuyos.<br>El turno de la palabra<br>Palabrero es la m\u00e1s reciente novela del escritor colombiano Philip Potdevin. En ella se narra la historia de Edelmiro Epiay\u00fa, el conflicto que sigue sufriendo el pueblo wayuu en La Guajira y la indiferencia con la que Colombia ha tratado el drama que vive este pueblo desde hace muchos a\u00f1os.<br>Potdevin se vale de la fuerza de la palabra para narrar la dignidad wayuu en medio de la injusticia, mientras la locomotora minera le arrebata la vida, la tierra y el agua al pueblo wajiro. A trav\u00e9s de la figura del palabrero, una autoridad particular que se encarga de resguardar la tranquilidad de las rancher\u00edas guajiras, una especie de abogado que, sin m\u00e1s leyes que la Ley de Origen, brinda equilibrio y justicia en el respeto por la Madre Tierra.<br>Esta valiosa novela nos deja congelados en la mitad del drama de un pueblo que se niega a desaparecer, aun cuando la minera y el Estado los matan de sed en su territorio. Es una denuncia contundente, un llamado antiguo a despertar, eco de la lucha de un indio, Juan Jacinto, que se sublev\u00f3, sin venderse jam\u00e1s ante la avaricia y la indiferencia de los alijunas.<br>\u201cEntend\u00ed, en un momento de iluminaci\u00f3n, que siempre subsistir\u00e1 un recurso insuperable. Ese medio que ha logrado vencer la m\u00e1s grande de las adversidades, un recurso que no es la guerra, ni la rebeli\u00f3n, pero tampoco la rendici\u00f3n o la sumisi\u00f3n; sino algo m\u00e1s efectivo y sutil que la guerra y todas las formas de lucha: la palabra\u201d.<br>Por \u00c1ngela Mart\u00edn Laiton para El Espectador<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cPalabrero\u201d es la m\u00e1s reciente novela del escritor colombiano Philip Potdevin. Un llamado de justicia para lo que ocurre con el pueblo wayuu en La Guajira. 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